viernes, 10 de junio de 2011


¿Si tuvieses que describir tu vida por medio de una obra artística con qué tipo de arte lo harías?
¿Elegirias la literatura, esa maravillosa narrativa decimonónica que describe al detalle cada una de las vueltas y revueltas de nuestra alma y el laberinto por el que ciegamente nos movemos?
O preferirías ser una pintura; un cuadro figurativo donde mezclaría bellos colores con vívidos recuerdos, sonoros triunfos con densos fracasos… o una abstracción, podría ser una abstracción que intentase mostrar la esencia de nuestra esencia. 
Quizás estaría bien ser una escultura; un monumento de los que pueblan las plazas y en la que nos mostraría en un momento heroico de nuestra vida subido a un briosos corcel y con telas al viento; también podríamos ser una pequeña figura votiva de esas que se entregan a los dioses benefactores.
Si nuestra vida se pareciese a la arquitectura la podríamos comparar con la alegre Giralda,con el moderno Gugenhein” o con el apabullante Vaticano…
Podríamos ser una canción, sencilla y popular o sinfónica, una voz, una danza, el sonido de un instrumento.
Podríamos también convertir nuestra vida en paisaje, por supuesto antropomorfizado, ya no existe la naturaleza virgen, seríamos como una dehesa, un vado, una alta sierra…
Para muchos su única y magistral obra de arte son sus retoños, sus hijos, pero no considero que puedan entrar en este juego, no son cosas comparables, una obra de arte es algo que hacemos volcando nuestra alma y expresando nuestros sentimientos, desnudos u ocultos, es la expresión de nuestro yo, ese que hemos ido configurando día a día. Un hijo es otra cosa, le podemos dar nuestra alma, la que venderá por cuatro reales al llegar a la pubertad para crear su propio yo.Y volveríamos a empezar.

No os creáis que todo esto es rollo macabeo de tarde de aburrimiento. ¿Seríais capaces de observar vuestra existencia como una obra de arte? Si lo conseguimos otorgaríamos una victoria pírrica a Oscar Wilde sobre su amante y traidor el joven Bosie que por egoísmo y cobardía destruyó esa maravillosa obra viva que Wilde había ido construyendo día a día durante décadas.

Un juego. Hoy dejaremos las galletas de la suerte y jugaremos con nuestras propias almas. Podemos escribirlas o no, editarlas o no, pero dedicarle un minuto de meditación al sentido de nuestra vida, creo que no haría mal a nadie.

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